¿Se imagina ir a repostar a una gasolinera y no poder distinguir lo que dispensan las distintas mangueras? Pues algo parecido pasaba hace unas dos décadas con la biomasa, que un consumidor no conocía las características de lo que estaba comprando.

Ahora podemos comprar pélets y briquetas de biomasa en casi cualquier supermercado o gasolinera y todos llevan una etiqueta que describe claramente sus características: poder calorífico, humedad, composición, etc. Posiblemente también tengan un certificado con un logo reconocible, que significa que una tercera parte independientemente ha comprobado esas características.

Gracias a las normas técnicas o estándares los consumidores tenemos confianza en lo que compramos.

Ahora imagínese el caso opuesto, un sector que está comenzando y casi antes de tener un mercado establecido decide desarrollar estándares sobre sus productos y actividades; métodos de ensayo, requisitos, características físicas y químicas, requisitos, precauciones de seguridad, almacenamiento, etc. Parece una locura ¿no? Pues eso es lo que pasó en Austria hace algo más de dos décadas.

El sector de la biomasa usó la normalización para compartir conocimiento, difundir buenas prácticas, autorregularse y generar confianza en los consumidores. Es decir, las normas también son una herramienta estratégica para promover el desarrollo de un sector o la aceptación de un producto.

Otros ejemplos famosos sobre este uso estratégico de la normalización son el del contenedor de transportes y el DVD.

¿Para qué sirven las normas técnicas o estándares?

Las normas o estándares sirven como herramienta para el desarrollo industrial, social y comercial de un país, ya que son la base de la mejora de la calidad en la gestión de las empresas, en el diseño y fabricación de los productos o en la prestación de servicios, eliminando barreras técnicas en el mercado de la Unión Europea y para la exportación hacia terceros países.

Pero las normas también son importantes por su reconocimiento por la Comisión Europea y las administraciones nacionales como medio para demostrar el cumplimiento de obligaciones legales.

Son igualmente una gran ayuda a los consumidores y usuarios permitiéndoles obtener una referencia para conocer el nivel de calidad y seguridad que deben exigir a los servicios que contratan o los productos que adquieren.

LAS NORMAS PROPORCIONAN:

SEGURIDAD y FIABILIDAD – El cumplimiento de las normas ayuda a garantizar la seguridad, la fiabilidad y el cuidado del medio ambiente. Como resultado, los usuarios perciben los productos y servicios estandarizados como más fiables – esto a su vez aumenta la confianza del usuario, contribuyendo al aumento de las ventas y a la asimilación de las nuevas tecnologías.

APOYO A LAS POLÍTICAS PÚBLICAS Y A LA LEGISLACIÓNEl legislador, con frecuencia hace referencia a las normas para proteger los intereses de los usuarios y de los mercados y para apoyar las políticas públicas. Las normas desempeñan un papel central en la política de la Unión Europea para el Mercado Único.

INTEROPERABILIDAD – La capacidad de los dispositivos para funcionar en conjunto se fundamenta en que los productos y servicios cumplan con las normas.

VENTAJAS PARA LA EMPRESA – La normalización proporciona una base sólida sobre la que desarrollar nuevas tecnologías y mejorar las prácticas existentes. Específicamente las normas:

  • Facilitan el acceso al mercado
  • Proporcionan economías de escala
  • Fomentan la innovación
  • Aumentan el conocimiento de iniciativas y avances técnicos.

VENTAJAS PARA EL CONSUMIDOR – Las normas constituyen la base para nuevas características y opciones, lo que contribuye a la mejora de nuestra vida cotidiana. La producción en masa basada en normas proporciona una mayor variedad de productos accesibles a los consumidores.


Hay un par de cifras que ilustran la importancia de la normalización: más del 90% del comercio mundial está afectado por estándares -según un estudio del Departamento de Comercio de EEUU-, y en España hay más de 9.500 normas técnicas citadas en legislación.

Pese a lo anterior, la mayoría de la sociedad se siente ajena a la normalización, casi nadie sabe que son las normas, quién las hace, cómo se desarrollan, qué implicaciones tienen, cómo se usan para alcanzar los objetivos de una organización, etc.

La buena noticia es que cualquier parte interesada puede implicarse en el desarrollo de las normas técnicas. La mala noticia es que no participar en normalización puede tener consecuencias desastrosas.

¿Quién hace las normas?

Las normas se desarrollan a tres niveles: nacional, europeo e internacional. En España, el organismo designado por la Administración es la Asociación Española de Normalización, UNE, que es una asociación privada sin ánimo de lucro.

En Europa los organismos de normalización son CEN, CENELEC y ETSI para los ámbitos multisectorial, electrotécnico y telecomunicaciones, respectivamente. A nivel internacional están ISO, IEC e ITU, para los mismos ámbitos.

Los códigos de las normas reflejan el origen de las normas. En la figura se muestra un código de norma técnica y su interpretación.

Es obligatorio que los países miembros del Comité Europeo de Normalización (CEN) adopten las normas europeas (EN) sin cambios; con esto se consigue que haya una armonización técnica en Europa.

Por otra parte, existen entre acuerdos de reconocimiento mutuo para evitar duplicidades entre los trabajos de los organismos europeos e internacionales, en particular entre CEN e ISO y CENELEC e IEC.

Las normas se desarrollan en comités técnicos de normalización (CTN en sus siglas en español o TC en inglés) en los que participan todas las partes interesadas en un sector: cadena de valor del producto o servicio, centros de investigación y universidades, Administración, consumidores, ONGs, etc.

Los comités nacionales designan sus propios representantes para los comités europeos e internacionales.

Panorama de la normalización de la biomasa

El comité responsable de la normalización de la biomasa en España es el CTN 164 “Biocombustibles sólidos”, creado en el seno de UNE, cuya secretaría desempeña CIEMAT.

Actualmente este comité tiene casi 50 normas publicadas en vigor y otras casi 60 anuladas, lo que indica hasta que punto las normas han ido evolucionando.

En el comité solo hay tres normas puramente nacionales, sin correspondencia europea ni internacional. El 76% son normas internacionales, que también son europeas (EN-ISO), y el 17% restante son normas europeas sin correspondencia en ISO (EN).

En línea con la globalización de la economía y del comercio de biomasa, la mayoría de las normas se desarrollan actualmente en ISO.

Clasificación de normas de biomasa según su temática. Por temas, las normas se ocupan fundamentalmente de los métodos de ensayo y el muestreo necesario para caracterizar la biomasa, seguidas por las especificaciones y clases y por el aseguramiento de la calidad, según se muestra en la figura.

Se están desarrollando 5 proyectos de norma sobre seguridad en el almacenamiento de pélets y su caracterización.

Podría parecer que está todo hecho, pero no es cierto. Además de las normas publicadas, en el comité internacional ISO/TC 238 se están desarrollando otros cinco proyectos de norma que se adoptarán como normas UNE. Esos proyectos abordan la seguridad en el almacenamiento de pélets y su caracterización

Adicionalmente hay otras normas vinculadas con el sector, desde las que afectan a las instalaciones y calderas a los criterios de sostenibilidad, el contenido de biomasa en distintos productos.

Mención aparte merecen las normas de combustibles sólidos recuperados, que son muy similares y han tenido una evolución similar a las de biomasa.

¿Qué aporta participar en el desarrollo de estándares?

Las razones para participar en los comités suelen ser:

  • Adquirir conocimiento detallado de las normas y, de esta manera, anticipar las necesidades y tendencias.
  • Influir en el contenido de las normas y garantizar que sus necesidades específicas se tienen en cuenta.
  • Establecer contactos con otras partes interesadas, los expertos y los reguladores, tanto a nivel nacional como europeo.
  • Contribuir a la elaboración de normas que garanticen una mayor seguridad, prestaciones, eficiencia e interoperabilidad de los productos y/o servicios.

Otra forma de verlo, a veces mas convincente que lo anterior, es a través de los riesgos que supone no participar.

Por ejemplo, el que no se consideren en las normas determinados combustibles nacionales p.e. huesos de aceituna o cáscaras de frutos secos, puede derivar en problemas para comercializar los mismos. Tanto porque directamente se queden fuera de determinadas instalaciones, como porque su precio de venta disminuya.

UNE tiene una línea de ayudas para fomentar el desarrollo de normas técnicas y la asistencia a reuniones internacionales, pero es necesario contar con el apoyo y en muchos casos la cofinanciación del sector.

Cualquier parte interesada puede implicarse en el desarrollo de las normas técnicas. Participar en los comités de normalización más que un gasto se debería considerar un activo.

 

Daniel Massó
Jefe de Conocimiento y Educación de la Asociación Española de Normalización, UNE

www.une.org

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