En los últimos 25 años, los bosques de la Unión Europea han aumentado su tamaño poniendo sobre el suelo de Europa 7.300 millones de m3 nuevos de madera. Pero no toda esta madera es aprovechable, claro; se estima que alrededor de 5.000 millones de m3 podrían ser utilizados por los europeos en sus industrias, incluida la de la bioenergía.

En realidad, de estos 5.000 millones de m3 solo hemos aprovechado, de media, el 63% en esos años: normalmente para fabricar muebles o papel y una pequeña parte –un 20% de este 63%- para generar energía.

En los últimos 15 años, el uso de biomasa para energía se ha popularizado y hemos duplicado su consumo, pero manteniendo el porcentaje de aprovechamiento en el 20% gracias a que, de forma paralela, el tamaño de los bosques también ha crecido.

Podemos asegurar que los bosques europeos se gestionan para proveer de productos y servicios a los ciudadanos garantizando su preservación y crecimiento.

Utilizar bioenergía es mejor que usar petróleo

La bioenergía es la mayor fuente de energía renovable en la UE-28 y representa más del 60% del consumo total renovable.

Gracias a la sustitución de combustibles fósiles por biomasa, la Unión Europea ha evitado la emisión de 4.200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en los últimos 15 años.

Esto es mucho: solo en 2014, la bioenergía evitó la emisión de 365 millones de toneladas de CO2, más que las emisiones totales de España en ese mismo año.

La combustión de biomasa libera carbono, claro, pero éste forma parte de un ciclo de años o décadas, no de milenios, como en el caso de los combustibles fósiles: los árboles que se plantan o crecen de forma natural reemplazando a los que se utilizan como biocombustible continuan el proceso de almancenamiento de carbono, cerrando el círculo del carbono en un corto espacio de tiempo.

Por eso su uso se considera neutral en emisiones de carbono, como sostiene la Comisión Europea con el aval de la mayoría de la comunidad científica.

Por otra parte, la emisión de NOx y partículas por parte de las modernas estufas y calderas de biomasa es extremadamente baja, gracias a su elevada eficiencia, conseguida tras años de investigación e innovación.

El tráfico rodado, en especial el de los vehículos a gasóleo, es, con diferencia, el principal generador de estas emisiones. Igualmente, las antiguas calderas con carbón o gasóleo son una importante fuente de esta contaminación. Sustituir estas instalaciones por modernas calderas de biomasa reduce de forma drástica las emisiones. Efecto que se multiplica si se sustituyen calderas individuales por una red de calor, que reduce los focos de emisión a uno solo, de mayor tamaño pero mucho más controlado.

¿Qué madera se aprovecha?

También hay que aclarar que para generar energía se utilizan materiales de bajo valor como serrín y otros restos de los aserraderos, troncos de árboles muy finos que se cortan para sanear los bosques, madera de baja calidad o copas de los árboles. La madera que se utiliza para fabricar muebles o en construcción es demasiado cara para la industria de la energía.

Gracias a la gestión forestal, los bosques europeos siguen aumentando su capacidad de almacenamiento de carbono cada año.

La mayor parte de la biomasa sólida que consumen los europeos para generar energía proviene de Europa. Tan solo importamos el 4,4%; una insignificancia en comparación con las tasas de dependencia de los combustibles fósiles: 89% en el caso del petróleo y 69% en el gas natural.

El uso sostenible de la biomasa para generar energía es clave para que los europeos podamos cumplir nuestros objetivos de energías renovables y descarbonización.

La Directiva de Energías Renovables II y la bioenergía

AVEBIOM, la Asociación Española de Valorización Energética de la Biomasa, recibió con satisfacción el acuerdo alcanzado por el Consejo y la Comisión Europea sobre la Directiva de Energías Renovables II (RED II), que fija el objetivo de renovables para 2030 en el 32%.

En aquel momento, ya dijimos que “si bien se trata de un primer paso positivo, el compromiso final en la proporción de renovables en climatización y refrigeración carece de ambición real en un contexto donde podrían ofrecer mucho más y llegar a un sector 100% renovable en 2050”.

Algunas organizaciones ecologistas critican la directiva REDII por considerar que el aumento del uso de la bioenergía puede conllevar deforestación y un aumento de emisiones de efecto invernadero.

Sin embargo, los datos recogidos en los inventarios forestales de toda Europa señalan que los bosques aumentan su superficie. Esto demuestra que la gestión forestal asegura que el aumento de consumo de madera en Europa se realiza de acuerdo con criterios de sostenibilidad.

Editorial de Javier Díaz, redactor jefe y presidente de AVEBIOM, publicada en Bioenergy International BIE 41 – Otoño 2018

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

He leído y acepto la Política de Protección de Datos conforme a la legislación vigente y autorizo el tratamiento de los datos personales facilitados