Directivos de 4 empresas de servicios energéticos con 251 MWt instalados en más de 300 instalaciones en total en su haber opinan sobre el futuro de la generación de energía térmica con biomasa.

Han participado Isidre Alférez, de IMARTEC; Alberto Gómez, de REBI; Ignacio Macicior, de FORESA; y Miguel Ruíz-Gálvez, de VEOLIA España.

Al finalizar 2018 se estima que hay instaladas en España más de 30.000 calderas de biomasa; diez veces más que en 2008, según el Observatorio Nacional de Calderas de Biomasa (ONCB) de AVEBIOM.

También el número de instaladores que ofrecen biomasa en su cartera de servicios ha aumentado notablemente. De los cerca de 30.000 instaladores activos en el RITE para instalaciones térmicas, 2.300 empresas y profesionales plantean soluciones con biomasa y 1.500 han registrado al menos una instalación en el observatorio de calderas de Avebiom.

Las empresas de servicios energéticos que gestionan instalaciones de biomasa aún constituyen una pequeña fracción de este universo –el ONCB tiene constancia de 124 ESE-, pero es de esperar que sigan aumentando.

Buscando la independencia de los fósiles

Las variaciones en los precios de los combustibles fósiles influyen decisivamente en la marcha del mercado de instalaciones de biomasa. Todos los entrevistados están de acuerdo en que el aumento del precio de los combustibles fósiles hace funcionar al sector. Y la industria usuaria se beneficia blindándose frente al aumento del precio del petróleo en los ciclos económicos en fase de ralentización.

Según Isidre Alférez, “los riesgos técnicos iniciales se han reducido prácticamente a cero y por este motivo el cliente final apuesta firmemente por el cambio a la biomasa”. La biomasa se ha hecho mayor de edad y ha pasado de ser una desconocida a estar presente como fuente alternativa de energía en comunidades de vecinos, industrias, y pueblos y ciudades.

El apoyo de la administración facilitando el desarrollo de grandes instalaciones con biomasa, “como ha ocurrido históricamente con otras energías como el gas” también se destaca como factor clave para la generalización de su uso.

Más control de las emisiones y certificaciones

El caballo de batalla de la biomasa son las emisiones de partículas y el espacio que necesita el silo para su acopio. Todos coinciden en que cuánto más tecnificada sea la caldera y mayor la calidad del biocombustible, menos emisiones se producirán.

Pero cumplir con unas emisiones inferiores a 50 ppm requerirá instalar tecnología de filtrado de gases más sofisticada, lo que encarecerá sensiblemente el coste de la instalación. “Esto penalizará muchos proyectos por su viabilidad económica y técnica”, afirma Miguel Ruíz-Gálvez.

Los biocombustibles se van normalizando gracias al firme establecimiento de los esquemas de certificación como ENplus® para el pellet o Biomasud para astillas y otros.

Los cuatro coinciden en la importancia de contar con biocombustible estandarizado para minimizar incidencias en los sistemas de alimentación y transporte y reducir los problemas de emisiones.

Para Alberto Gómez, el uso de biocombustibles certificados debería ser “obligatorio para instalaciones de tamaño medio o pequeño, y muy recomendable para las grandes”. En este sentido, Ignacio Macicior opina que un proveedor de confianza, que suministre un biocombustible homogéneo, es una buena solución para instalaciones mayores.

También recuerda la conexión existente entre los incendios forestales, “que provocan muchos picos de contaminación por partículas”, y la despoblación rural, ya que los incendios son más habituales en áreas “donde el monte esta abandonado y la población no lo percibe como un recurso”.

Las redes de calor son el futuro

Los cuatro entrevistados coindicen en que las ESE tienen su gran oportunidad de expansión en la instalación de redes de calor.

La complejidad técnica y financiera y la necesidad de agrupar conocimientos muy diferentes para cerrar este tipo de proyectos señalan indudablemente a las empresas de servicios energéticos como promotoras ideales.

Pensando sobre todo en las ciudades, las redes de calor aportan la gran ventaja de concentrar la generación de energía y las emisiones en único punto y abaratar su coste gracias a la economía de escala. “Cuánto mayor sea la red, más clientes congregará, más contaminación evitaremos, más barata será la energía y menos problemas técnicos”, asegura Alberto Gómez.

La fórmula de servicios energéticos, apunta Isidre Alférez, encuentra muy buen encaje en el sector terciario y por eso, añade, espera que cobre más importancia en los próximos años. De hecho, “para el cliente, la gestión integrada que facilitan las ESE en instalaciones medianas de 200 kW a 1 MW, resulta mucho más eficaz”, afirma Ignacio Macicior.

Pequeñas instalaciones también

En todo caso la venta de estufas de pellets y calderas de pequeño tamaño seguirá su buen rumbo con el alza del precio de los combustibles fósiles.

La colaboración de los instaladores con las empresas de servicios energéticos es también una oportunidad para los instaladores, según Miguel Ruíz-Gálvez. La cualificación de las empresas mantenedoras es otra asignatura a mejorar, añade Macicior.

La cogeneración, todavía un espejismo

Ahora que el autoconsumo de energía eléctrica vuelve a potenciarse desde la Administración, la cogeneración puede llegar a ser una alternativa viable para proyectos grandes. “El desarrollo y crecimiento de las redes de calor y frío debería dar lugar a la aparición de algunas cogeneraciones asociadas a las redes”, augura Ignacio Macicior.

En su opinión, la valorización energética de subproductos biomásicos de bajo precio debería generalizarse en la industria y ahí podría haber un buen hueco para el desarrollo de la cogeneración.

Foresa

Esta empresa de raíces forestales instaló su primera caldera de biomasa en 2009. Ignacio Macicior, gerente de Foresa, recuerda las grandes expectativas –“parecía evidente que los precios del gasóleo y el gas, aunque se habían tomado un respiro, volverían a subir haciendo muy competitiva a la biomasa”- y la falta de experiencia de instaladores, proveedores, mantenedores, ingenierías… “Problemas que ahora se resuelven con una llamada telefónica, entonces no encontraban fácil solución”.

Han instalado 20 MW en 41 instalaciones, la mayoría para generar calefacción y ACS en el sector servicios: residencias, bloques de viviendas, escuelas, oficinas, instalaciones deportivas. Pero también han entrado en la producción de vapor industrial y han construido una red de calor a cultivadores de champiñón.

   Las instalaciones incluyen medidas para garantizar una operación eficiente –caudal variable, sectorización con válvulas de dos vías, monitorización de consumos-.

www.foresa.net

Imartec Energía

Comenzaron a instalar equipos de biomasa en 2011, cuando el precio de los combustibles fósiles era muy elevado. Isidre Alférez, uno de los socios fundadores, explica que se dirigieron desde un principio al sector primario –granjas e invernaderos- “donde la demanda era prácticamente uniforme a lo largo de todo el año y, por este motivo, el retorno de inversión se situaba en torno a los 2 años”.

En la actualidad cuentan con unas 120 calderas de biomasa, que suman en total 46 MWt, repartidas en los sectores agroalimentario, industrial y servicios. La empresa se inclina ahora por centrarse en proyectos industriales.

Como medida complementaria a la biomasa, la empresa ofrece a sus clientes instalaciones de energía solar fotovoltaica para autoconsumo eléctrico. “De ese modo, pueden conseguir ahorrar hasta un 30% en los costes eléctricos”, asegura.

www.imartec.es

Rebi

Perteneciente al Grupo Amatex, dedicado a la transformación de la madera, Rebi comenzó su andadura en 2011 como proyecto para combatir la crisis en que se encontraba la industria maderera.

“Al principio transformábamos salas de calderas a biomasa y ejecutábamos pequeñas redes de calor, pero en la actualidad realizamos únicamente grandes instalaciones térmicas”, afirma Alberto Gómez, director gerente de Rebi.

En la actualidad gestiona 90 MWt, que incluyen redes de calor urbanas como la de Soria –la más larga de España con 24 km-, Ólvega –la primera que desarrollaron-, Valladolid –para dar servicio a la Universidad- y Aranda de Duero y Guadalajara, actualmente en construcción.

calorsostenible.es

Veolia España

La filial de la compañía francesa Veolia gestiona desde hace 9 años la red de calor y frío de la Zona Franca de Barcelona, una instalación mixto de gas natural y biomasa que supuso una inversión de más de 100 millones de euros.

Según Miguel Ruíz-Gálvez, responsable de Biomasa de Veolia España y gerente de Enerbosque, “la biomasa siempre ha sido estratégica para nosotros; nos integramos verticalmente para poder desarrollar el mercado y llevarlo a índices de uso europeos”.

Sus más de 140 instalaciones -95 MWt-, se reparten en un 60 % para uso terciarios y un 40% en industrias. La mayoría de ellas cuenta con más de un tipo de energía, “adaptando el uso de cada una a las caracteristicas del consumo y de la coyuntura económica”, aclara Miguel Ruíz-Gálvez.

www.veolia.es

 

Se puede acceder a las entrevistas completas en la sección OPINIÓN

Publicado en BIE 41 · Otoño 2018

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