La conservera gallega Orbe lleva cerca de 80 años elaborando conservas de pescado. Para suministrar energía a su nueva fábrica se ha instalado una caldera de biomasa de 4.000Kg/hora de vapor, que ha permitido a la planta industrial aumentar su producción y reducir su gasto energético.

La Empresa de Servicios Energéticos GRUPO ARESOL se ha encargado de la ingeniería y ejecución de la instalación y también lleva a cabo la venta de energía a través de un contrato de servicios energéticos de 12 años. Tomás Lafuente, ingeniero de Aresol, nos ha enseñado los detalles de la central de producción de energía con biomasa.

8 toneladas de astilla al día

A nuestra llegada a la conservera, un camión de piso móvil de 90 m3 (23 toneladas) se encuentra descargando astilla en la tolva de recepción bajo la atenta mirada de Florencio Rodríguez, “Floro”, el incansable técnico de Aresol responsable de la sala de calderas.

Cada semana llegan a Orbe hasta 3 camiones de astilla, y es que la caldera consume entre 5 y 8 toneladas de biocombustible al día. La caldera puede utilizar sin problema material con hasta un 50% de humedad, pero prefieren astilla con un 30%. El control de la humedad se realiza mediante toma de muestras de manera aleatoria, aunque Floro ha desarrollado una sensibilidad especial para apreciarla “a vista”.

La dureza del suelo de granito hizo descartar la ejecución de un almacén subterráneo, lo que propició construir un silo vertical de 7 m de alto y 275 m3 de capacidad. Las entradas de astilla a su interior se sitúan a 6 m, bien por el elevador con tornillo sinfín desde la tolva de recepción, o por dos bocas de carga neumática de 6 pulgadas especialmente diseñadas para astilla hasta G50. Tomás afirma que “es fundamental estar preparado para garantizar el suministro con independencia del tipo de camión, el tipo de descarga y el tipo de material que utilicemos”.

La astilla procede de zonas cercanas a la fábrica. Aresol cuenta con un parque de astilla propio para garantizar el suministro en todo momento, no solo a ésta sino a todas sus instalaciones de biomasa, que ya son más de 70 en toda España.

Además, el silo cuenta con dos agitadores de fondo y dos zonas separadas de aspiración de la astilla a caldera para aprovechar todo el combustible disponible.

Asegurar vapor en picos de demanda

Hace exactamente un año, el 8 de marzo de 2016, concluyó la puesta en marcha de la caldera. La conservera demanda 4000 kg/h de vapor seco a 7,5 bar para dar servicio a tres líneas de trabajo: autoclaves, freidoras y producción.

La caldera de biomasa de LSolé constituye la fuente principal de energía y como apoyo en los picos de demanda, habituales en este tipo de industria que trabaja a golpe de pedido, utilizan la caldera de gas natural de 2000 kg/h que operaba en la antigua fábrica.

Los arranques de producción, cuando entran en funcionamiento los autoclaves donde se esterilizan las latas de conserva, provocan los mayores picos del día. Son cuatro equipos trabajando durante 12 h al día y que llegan a demandar hasta 1.500 kg/h de vapor de forma instantánea.

La caldera consta de dos cuerpos: la cámara de combustión de parrilla móvil refrigerada, con ventiladores de aire primario (3) y secundario (2), para quemar sin problema todo tipo de biocombustible, y una gran cámara de vapor sobre ella para garantizar la producción de vapor. La presión de diseño de la caldera es de 13 bar –con válvula de seguridad tarada a 11 bar-. La presión de trabajo en caldera es de 9 bar para entregar vapor a 7-7,5 bar a proceso.

A partir de 500 ºC en el interior de la cámara de combustión se empieza a generar vapor en las condiciones requeridas. La máxima temperatura que se alcanza, en los momentos de mayor demanda, es de 800 ºC.

Cuenta con sistemas automáticos para limpieza de los pirotubos -por inyección de aire comprimido- y para extraer las cenizas de la cámara de combustión. Además, en la salida de humos de combustión se ha instalado un filtro multiciclónico.

Un depósito de los condensados procedentes de la fábrica permite su aprovechamiento de nuevo en el intercambiador. La fábrica consume 200.000 litros de agua al día en sus procesos.

Rendimiento superior al 80%

Tomás asegura que, gracias al diseño de la cámara de combustión y los pasos de humos y utilizando un buen combustible –astilla G30 al 25-30% de humedad-, el rendimiento real alcanza un 82%, lo que constituye un gran valor para una caldera de vapor.

Este rendimiento se ha logrado realizando un ajuste perfecto del equipo y es que “para regular todas las variables de la caldera tienes que convivir con ella varias semanas”, afirma Tomás. Añade que al contrario que gas natural, Aresol factura por energía neta, la energía real entregada al cliente, lo que evidencia aún más si cabe la importancia de optimizar la eficiencia del sistema.

El control modulante de la caldera permite ajustar su funcionamiento a la demanda de manera que el sistema opera de forma continua entre el 30% y el 100%. El sistema de modulación se apoya en los datos recogidos por sensores de temperatura ubicados en los tubos de ida y retorno de la caldera, por la sonda lambda del circuito de gases y los convertidores de frecuencia del sinfín de alimentación, de los ventiladores de combustión, y del ventilador de humos.

El RAC de comunicación, fundamental para monitorizar y gestionar en remoto la instalación, está compuesto por dos cuadros: el de la caldera, suministrado por el fabricante, y el general, instalado por la empresa de servicios energéticos.

Ahorros energéticos y económicos

El contrato de suministro de energía entre ARESOL y ORBE tiene una vigencia de 12 años. El precio por kWh neto suministrado incluye todo, desde la inversión hasta la gestión energética completa con garantía total de la instalación.

El precio queda fijo por periodos anuales y se actualiza vinculado al IPC general para el siguiente año. Al finalizar el contrato la instalación está amortizada y el cliente optará por gestionar la instalación él mismo o acordar con la ESE un nuevo contrato energético favorable a sus intereses.

En términos de consumo energético, la nueva instalación de biomasa permitirá el ahorro anual de 172.840 KWh en comparación con una instalación tradicional alimentada por combustibles fósiles debido al mayor rendimiento global de la instalación renovable.

En cuanto al gasto económico, la nueva planta de biomasa, debido al menor coste del combustible primario y a su mayor estabilidad de precios a lo largo de los años, conseguirá un ahorro acumulado a lo largo de los 12 años de duración de contrato de aproximadamente 657.572 €.

 

Publicado en BIE 35 – Primavera 2017

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