Todos los proyectos tienen detrás una buena idea y un promotor comprometido. Para montar una empresa tan compleja como una fábrica de pellets en un rincón de España con la misma densidad de población que Laponia, y casi el mismo frío, hay que ser además un romántico. Tras un tiempo dando vueltas a “cómo mejorar el monte de nuestro pueblo, Bea”, una remota localidad de la Comarca del Jiloca en el Norte de Teruel, los promotores encontraron la solución: construir la planta de Teruel Pellets.

Por qué una planta de pellets

En una zona de poca tradición forestal y modesta calidad de estación escasean los árboles con valor para aserrío. En lugar de optar por un modelo de negocio tradicional de aprovechamiento forestal a partir de madera con bajo valor añadido, pensaron que la valorización energética tendría una mejor salida en el mercado y al mismo tiempo contribuiría a mejorar el estado general de los pinares.

La fábrica consume 38.500 t/ha de biomasa para producir 20.000 t/año de pellet. El 90% de la materia prima es pino silvestre. En un futuro, si el mercado sigue creciendo, se duplicará la capacidad colocando una segunda granuladora.

Proceso industrial flexible

Los equipos de la fábrica podrían dar servicio a una producción de hasta 40.000 t/año, aunque han comenzado con una sola granuladora Munch que les garantiza un rendimiento de 2,5-3,0 t/h y les permite alcanzar 20.000 t/año.

La línea de equipos se ha montado de forma “modular”, de manera que cualquiera de las etapas se puede puentear fácilmente en caso de necesidad: por avería, para avanzar en alguno de los procesos deteniendo otros, etc. Esto les confiere una gran flexibilidad para optimizar la fabricación: por ejemplo, en verano, con tiempo seco y caluroso, aprovechan para astillar y secar al aire, ahorrando energía al reducir el periodo de secado en el trómel.

De momento han llegado a acuerdos con tres empresas de aprovechamiento forestal que les suministran la materia prima. La biomasa se acopia en la campa, clasificada por origen, diámetros y longitudes; aunque aceptan una gran variedad de tamaños. Eduardo explica que el mejor rendimiento se logra con troncos de 4 m y 20 cm de diámetro, aunque podrían admitir diámetros de hasta 70 cm.

El tractor de apoyo traslada los troncos y los coloca con las pinzas en la mesa de alimentación de la línea de descortezado-astillado. Estos equipos pueden alcanzar un rendimiento de hasta 7 t/h.

Para la fabricación de pellet se obtiene astilla tamaño G15-20.

La astilla entra en el trómel de secado o, si se ha producido exceso, se acopia en la campa para que pierda humedad de forma natural. En verano, de esta manera se puede reducir del 50 al 15%, con el consiguiente ahorro de energía en el secado. Próximamente, construirán una cubierta para la astilla.

Los troncos con diámetro en punta menor de 10 cm no se pueden descortezar bien y se astillan a parte para obtener el combustible que alimenta la caldera que genera el calor para el trómel. La corteza, que en principio se pensó utilizar también para alimentar la caldera, genera mucha ceniza y se ha decidido vender para compost.

En invierno, el proceso es más lineal ya que no es posible aprovechar el secado natural y se produce un volumen de astilla ajustado a la producción de pellet en ese momento. En cualquier caso, han calculado que un turno de trabajo en el exterior, equivale a 2 turnos de trabajo en el interior de la nave, donde se encuentran el molino de finos, la granuladora y equipos auxiliares y el sistema de ensacado.

También es posible acopiar astilla seca a la salida del trómel en un box desde donde la pala cargadora lo introducirá en la tolva de entrada al molino de finos cuando sea necesario.

La granuladora Munch lleva dos motores que facilitan un buen reparto del par de carga, lo que le confiere una muy buena estabilidad. Junto a ella, un hueco aguarda la llegada futura de una segunda unidad de peletización, que les permitirá llegar a 40.000 t/año.

Del enfriador, los pellets se ensacan en bolsas transparentes con un diseño en calidad fotográfica característico de la marca. Quieren que el producto se vea. Es bueno y hay que mostrarlo. Según José el precio no puede ser la diferenciación ante el cliente, pero sí la calidad. De la que están seguros puesto que controlan todo el proceso, desde el origen de la materia prima a la distribución a cliente final.

También pueden servir en big-bag y a granel, para lo que tienen dos silos de 36 toneladas cada uno, a los que se unirán otros dos más próximamente.

Lejos pero no tanto

De camino a la fábrica, la sensación de lugar remoto es intensa, pero, como apunta Eduardo, la fábrica está bien situada: a 100 km de áreas de consumo potencial muy importantes como Teruel o Zaragoza; a 25 km de pueblos con gran penetración ya del mercado de estufas y calderas como Daroca o Calamocha. Y también cerca de salidas para la exportación como el puerto de Sagunto, a 200 km, y la frontera francesa, a 250 km. En cualquier caso, su filosofía es que el 50-60% de su producción permanezca en las proximidades, dentro de un radio de 100 km. En esta zona, afirma José, las estufas han ayudado a calentar muchos hogares durante la crisis al sustituir en parte el uso de gasóleo o electricidad.

Compromiso ambiental y de calidad

Alfonso destaca que los principios de sostenibilidad impregnan todas las decisiones de la empresa, incluso algunas que pueden parecer poco relevantes, como contar con un sistema de recogida de pluviales de 60.000 l de capacidad para abastecerse de agua o colocar iluminación LED y haber pintado de color tierra el edificio en deferencia al entorno.

La fábrica ya ha concluido el proceso de certificación de la calidad del pellet y desde el 20 de julio ostenta el número 026 del sello ENplus.

Tres sólidas patas

Tres sólidas patasIntegran la empresa 9 socios principales, que aportan el 90% del capital, y 13 pequeños accionistas con el 10% restante. Tres de los socios fundadores trabajan además en la fábrica, aportando experiencia y conocimientos muy diversos y complementarios. Eduardo López (en el centro de la foto) es ingeniero agrícola y responsable del proceso productivo; Alfonso Aranda (a la dercha) es ingeniero industrial y economista y está a cargo de la gerencia; y José Puértolas (izquierda) es propietario de un negocio de venta e instalación de estufas en la cercana localidad de Calamocha y responsable comercial de la nueva empresa.

En opinión de Eduardo, estas tres sólidas patas son una de las claves del éxito del proyecto.

Tras una inversión de más de 4 millones de euros, los tres son plenamente conscientes de que su producto se venderá donde el mercado demande, pero no quieren perder la perspectiva de que el suyo es un producto local que debe dar servicio a personas cercanas. De hecho, el Gobierno de Aragón ha declarado a la empresa Entidad de Interés Autonómico por el impacto económico positivo que supondrá, y que ya se está empezando a notar, para la zona: puestos de trabajo -14 directos y 48 indirectos-, mejora forestal, ahorro energético….

El proyecto se ha financiado con los fondos de los inversores y también cuentan con una dotación aprobada por el Fondo de Inversiones de Teruel y el Gobierno Autonómico que ha apoyado desde el principio la iniciativa empresarial.

Equipos principales

Equipos principales

Descortezadora: Bar-Gar 7A

Astilladora: Mus-Max Dominator 7D de 110 kW.

Caldera de biomasa y Trómel de Secado: Industrial Limones-Gont Modelo LN-6000 de 6.000.000 kcal/h.

Sistemas de transporte y acopio y molino de finos: FND, Modelo MH-220

Granuladora: Munch, Modelo RMP 650

Ensacadora: TMI, modeloILERBAG VNT + PORTICO ILERPAL P para 400 sacos/hora

Ingeniería e instalación: WoodSims Aplicaciones Energéticas, S.L.

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