Hace más de un año, la Comisión Europea anunció que tendría listo un paquete de medidas políticas nuevo y mejorado para la bioenergía a finales de 2016. Como paso previo a su preparación, el pasado mes de mayo la Comisión realizó una consulta pública sobre sostenibilidad. La política que se decida tendrá consecuencias significativas para todos los agentes que trabajan en Europa y en la evolución de todo el sector.

En el mejor escenario, la nueva política sería una oportunidad para mostrar el compromiso ejemplar de la industria bioenergética con la sostenibilidad y para dar transparencia y seguridad a los inversores dentro de un marco de trabajo coherente y a largo plazo. Pero algunas señales parecen indicar que las opciones y escenarios sobre los que se discute ahora mismo no van en esta dirección…

De hecho, aunque todo el mundo esperaba un verano tranquilo, la Comisión Europea ha estado especialmente activa y durante junio y julio ha publicado los informes finales de dos estudios encargados por la Dirección General de Medio Ambiente. Desafortunadamente, en ellos se confirma la tendencia, bastante desequilibrada, que ha tomado el debate en la UE, focalizado en los potenciales riesgos al medio ambiente y las medidas para atajarlos sin mencionar ni analizar más a fondo los beneficios medioambientales, sociales y económicos que aporta la bioenergía.

Esta postura resulta difícil de entender para la mayoría de los que operan en el mercado de la bioenergía en Europa y que contribuyen cada día a reducir la dependencia energética de la UE y a mitigar el cambio climático. Y contrasta también con la posición y planes que tienen muchos Estados Miembros donde la bioenergía es el principal contribuidor y una muy fiable solución en el desarrollo de las energías renovables y continuará siéndolo.

Y no solo eso, la industria bioenergética de la UE ha estado siempre dispuesta a demostrar su compromiso con la sostenibilidad proponiendo medidas eficientes y prácticas. Por ejemplo, se propusieron los actuales criterios de sostenibilidad que afectan a los biocombustibles procedentes de biomasa agrícola y un enfoque para la biomasa forestal basado en los riesgos.

Mejorar la imagen

En el fondo, la cuestión es: ¿cómo podemos acabar con la enorme brecha que separa la realidad de la bioenergía de la percepción que de ella se tiene a nivel de la UE? Las respuestas deberán salir del debate que tiene lugar ahora mismo en Bruselas, donde abundan las generalizaciones e informaciones confusas. Una campaña de comunicación que utilice las palabras de moda es un camino pero, como hemos visto anteriormente en otros sectores, estas campañas pueden tener repercusión pero no generar ninguna solución concreta.

La bioenergía representa el 60% de la producción de energía renovable en Europa y contribuye de manera decisiva a lograr los objetivos climáticos de la UE. No existe ningún escenario plausible para descarbonizar la UE sin bioenergía, por lo que no se debe poner en riesgo el futuro de un sector clave con argumentos demagógicos. Y por eso, todos los que integramos el sector de la bioenergía en Europa debemos comprometernos aún más mostrando nuestro trabajo y también contestando con rigor cuando se publica una noticia negativa.

Ecologistas antibioenergía ¿Por qué?

Un ejemplo reciente es el artículo escrito por la organización española “Ecologistas en Acción” en la página web de EU Bioenergy en el que se cuestionan los beneficios que la bioenergía aporta a las comunidades locales. Los argumentos y ejemplos que rebaten lo expuesto en este artículo son muchos y deben exponerse de forma contundente y clara.

Lee los “Argumentos a favor de la Bioenergía en España“, por el presidente de AVEBIOM.

jossart-aebiom

Jean Marc Jossart,

secretario general de @AEBIOM 

www.aebiom.org

 

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