Hace 10 años, con el precio del petróleo por las nubes, Ramon Ribera decidió valorizar energéticamente la paja que no podía vender como alimento animal. Comenzó quemándola en calderas de carbón, pero las pruebas y ajustes que se vio obligado a realizar le llevaron finalmente a diseñar y construir un sistema específico para quemar pacas de paja.

El primer equipo desarrollado por su empresa, ACR Ecocalderas, fue para uso propio, pero pronto comenzó a construir nuevas unidades para granjas cercanas.

En la actualidad la empresa monta sistemas de caldera y disgregador de 25 a 280 kW, compactos y encajables en el interior de un contenedor marítimo, que además permite la ampliación de una instalación de forma modular.

El cuerpo de la caldera, que puede ser de agua o de aire, es común para biomasa. ACR se encarga de adaptar el quemador y la configuración de la combustión a las características de la paja.

Control electrónico específico

El controlador electrónico con conexión a internet se encarga de la regulación de la caldera; es muy sofisticado y específico para gestionar el comportamiento de este biocombustible con alto poder calorífico y rápida gasificación.

El control de la temperatura de los humos es fundamental para evitar el sobrecalentamiento de la caldera. La caldera de paja no admite modulación, dada la rapidez de su combustión, por lo que cada acción de regulación es instantánea: alimentación de combustible o inyección de aire.

El empujador de la paca varía su velocidad de forma automática en función de la demanda de la caldera y del tamaño y tipo de paca. La sonda Lambda regula la inyección de aire para controlar la temperatura de combustión.

El controlador electrónico del empujador permite saber en todo momento la situación de la alimentación de las pacas y la autonomía restante.

En el panel de configuración para el usuario, éste puede decidir la temperatura de salida del agua y el modo de trabajo de la caldera: eco, normal o alto. De esta forma se regula automáticamente la temperatura de trabajo de la caldera. Cuanto mayor es la temperatura, el rendimiento disminuye, pero aumenta la potencia entregada, matiza Ramón. De hecho, en modo alto la caldera puede llegar al 130% de la potencia homologada.

Cliente tipo

El cliente habitual es una granja que cuenta con paja propia, pero también algún hotel, cámping o fábrica ha instalado una sistema ACR. Hasta la fecha han instalado 40 calderas

Las granjas de cerdas reproductoras amortizan rápidamente la instalación, debido a las enormes necesidades de calefacción durante todo el año.

Un combustible especial

La paja de triticale tiene un poder calorífico de entre 4000 y 6000 kcal/kg, mientras que para el trigo y la cebada es algo menor.

Cada paca de paja de 400 kg equivale a 150 litros de gasóleo. Si el precio de una paca ronda los 10 euros y el consumo eléctrico para quemarla en el interior de la caldera es de tan solo un euro, según Ramón Ribera, el ahorro en combustible se aproxima al 90%.

La combustión de la paja es diferente de la de otras biomasas. La paja gasifica a muy baja temperatura, emitiendo vapor de agua rapidamente. No crea brasa y genera una llama muy larga, por lo que para para mejorar la transferencia de calor los tubos del intercambiador de humos llevan turbuladores.

Si está densificada, en forma de pellet o briquetas, una vez deshidratada, no permite la circulación de aire por su interior y no combustiona bien provocando la fusión de las cenizas, el desaprovechamiento de la energía que contiene y problemas en la caldera.

Por ello, el sistema de ACR dosifica la paja entera, desmenuzando la paca mediante un disgregador antes de entrar a caldera. Al introducirla de esta manera, se aprovecha mejor la energía que contiene y el sistema entra en régimen en menos de un minuto.

Una paca de 400 kg garantiza el funcionamiento de la caldera a plena potencia durante más de 20 horas.

El disgregador admite pacas de hasta 120 cm de largo y 70 o 90 cm de ancho. También se puede alimentar con pacas de 70×90 cm y con paquetes pequeños de 25 kg. La línea de alimentación se puede prolongar tanto como sea necesario en tramos de 2 o 3 metros.

Ana Sancho/Bioenergy International

Publicado en BIE nº38 – Invierno 2017-18

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