El proyecto SUCELLOG busca convertir a las agroindustrias en agentes esenciales en el suministro de biomasa sólida en Europa.

La acción de SUCELLOG se centra en un concepto logístico sin explotar: La implementación de centros logísticos de biomasa en la propia agroindustria como un complemento a su actividad habitual. El sector agroindustrial posee una serie de características que lo hacen un actor idóneo en la cadena de aprovechamiento de la cadena de biomasa:

  • Los centros de producción agroalimentaria están situados habitualmente en zonas rurales, en entornos en los que existe abundancia de actividad agrícola o forestal y, por tanto, de fuentes de biomasa potencialmente utilizables;
  • poseen equipos de pretratamiento y manejo para los productos y subproductos de su actividad industrial, que pueden ser (en algunos casos) compatibles para la producción de biomasa;
  • dada la estacionalidad de las campañas agrícolas, parte de las instalaciones quedan libres, y parte del personal está sujeto a contratación estacional; iniciar la producción de biocombustibles sólidos en dichos periodos de inactividad puede aumentar el uso de equipos y proporcionar mayor estabilidad a la plantilla;
  • las agroindustrias tienen experiencia en trabajar con materias orgánicas dirigidas al sector alimentario, textil, etc. y habituadas a cumplir unos requisitos de calidad de sus productos; la agroindustria está por ello bien posicionada para la producción de biocombustibles de cierta calidad, no simplemente a la distribución de biomasa.

 


El objetivo de SUCELLOG consiste en extender la participación del sector agrícola en el suministro sostenible de biomasa sólida en Europa. Se trata de un proyecto cofinanciado por el Programa Energía Inteligente para Europa liderado por CIRCE (Centro de Recursos y Consumos Energéticos), que se ha desarrollado entre 2014 y 2017 y se ha focalizado en 4 países europeos (España, Francia, Italia y Austria).

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Aprovechar sinergias

En definitiva, se evidencia la gran sinergia existente entre la agroeconomía y la bioeconomía y, en concreto la oportunidad de las instalaciones agroindustriales para iniciar una actividad como productores de biocombustibles sólidos a partir de recursos de la zona.

El proyecto ha detectado dicha oportunidad y ha querido impulsar iniciativas en esa línea, manteniendo varias premisas como fundamentales:

(1) En ningún caso se ha buscado desplazar la actividad principal de la agroindustria, que es generar un producto alimentario;

(2) se ha buscado la mejor fórmula para aprovechar las instalaciones existentes reduciendo la inversión necesaria;

(3) se ha planteado la nueva actividad descartando los recursos de biomasa que ya poseen otros usos en la zona (por ejemplo, la alimentación animal o el aporte orgánico al suelo).

Para ello, el proyecto ha realizado una serie de acciones agrupadas en dos líneas complementarias:

    • Proporcionando soporte técnico y ayudando en la toma decisiones a las industrias agroalimentarias dispuestas a iniciarse como centros logísticos de biocombustibles sólidos. La interacción con agentes locales (ESCOs, empresas de servicios agrícolas, instaladores de calderas, entidades gubernamentales, etc.) para el planteamiento de esa nueva línea de actuación ha sido una actividad fundamental del SUCELLOG.
    • Formando a las asociaciones agrarias (nacionales y regionales) socias del proyecto para que sean capaces de proporcionar servicios de asesoría técnica en biomasa a sus asociados, para así facilitar la replicación de este modelo una vez concluya el proyecto SUCELLOG.

Participantes en SUCELLOG

El concepto SUCELLOG ha sido desarrollado en España, por la Asociación Nacional de Cooperativas Agroalimentarias (socio del proyecto) con el apoyo de CIRCE, en 5 regiones: Aragón, Castilla y León, Cataluña, Extremadura y Galicia.

SUCELLOG miembros del proyecto agroindustrias y CIRCE p_mini

Técnicos de CIRCE y miembros de las Federaciones Regionales de Cooperativas España durante una visita a la Cooperativa Agrícola Regional, CAR, de Palencia

Más de 40 cooperativas agroalimentarias han participado directamente en las distintas fases del proyecto, en el que se han realizado 9 asesorías técnicas dirigidas a determinar la viabilidad tecno-económica de la iniciativa y con el fin de mostrar a las agroindustrias los cambios que tendrían que acometer, cuánto implicaría en términos de inversión, el período de amortización y qué implicaría esto en relación a una nueva cadena logística a desarrollar en la zona.

Para todo ello, se han realizado reuniones locales con agentes de los diferentes puntos de la cadena de aprovisionamiento y 12 talleres en los que, aparte del sector agrario, estaban representados las administraciones públicas y el sector de la energía, reuniendo a más de 300 participantes en total.

Agroindustrias más propicias

El análisis estratégico de los sectores en conjunto en España ha permitido ver que existe un gran potencial para aplicar el concepto de SUCELLOG en deshidratadoras de alfalfa, destilerías, orujeras, secaderos de cereal y fábricas de piensos; otros dos sectores con importantes sinergias son las bodegas y almazaras, que tienen menor compatibilidad de equipos, pero que disponen de importantes residuos agrícolas originados en la propia actividad agrícola, y cuyo tratamiento podría integrarse como una nueva línea de actividad.

En España, el proyecto ha encontrado que la oportunidad más interesante para implementar centros logísticos dentro de las agroindustrias es en aquellos casos en los que la actividad de producción de biomasa sólida esté estrictamente vinculada a su actividad principal como productor de alimentos. Es decir, cuando la agroindustria se enfrenta a un problema vinculado a la eliminación de uno de los residuos generados, bien sea en su línea de proceso, en sus cultivos o en los cultivos de los proveedores de su materia prima habitual.

Otra clave sinérgica para la viabilidad de esta iniciativa es la posibilidad de cubrir con estos residuos parte de las demandas energéticas de su actividad principal. De hecho, en España el sector agroindustrial es uno de los mayores consumidores de biomasa sólida, parte de origen agrícola (hueso, granilla, cáscara, orujillo), pero, sin embargo, muchas no se habían planteado consumir sus propios residuos para suplir sus necesidades de calor.

Recursos de biomasa valorizables

Respecto a los recursos a utilizar, en las diferentes asesorías desarrolladas se ha estudiado la manera de dar valor como biomasa a la paja de cereal y de lavandín, el raspón de uva, la poda de olivo y de vid, el zuro de maíz y los piensos mal formulados.

Las reuniones con los agricultores y las agroindustrias en los diferentes talleres han constatado que la disponibilidad real (recursos de biomasa sin uso actual) de las fuentes de biomasa son muy variables según la zona: mientras que hay regiones en las que esta disponibilidad es nula, en otras no tiene ningún uso y bastaría con dejar una pequeña parte de la misma en el suelo a fin de asegurar un cierto retorno de carbono, quedando el resto disponible.

Viabilidad económica

Con el marco actual de precios bajos del gas natural y del gasoil, y a pesar del mayor coste de las tecnologías de combustión de recursos agrícolas, los períodos de amortización son inferiores a 5 años, según los estudios realizados dentro del marco del proyecto. Si el servicio de calor no solo se proporciona al proceso productivo sino que se amplía a otras necesidades como residencias, colegios u otras industrias cercanas, la nueva línea se hace aún más interesante.

Dado que la cooperativa agrícola es en España un importante agente en el territorio, esta última opción no debería desestimarse por su repercusión tanto el período de amortización como en el aspecto social en el que se basa el modelo cooperativista.

Futuro: de residuo a subproducto

Desde CIRCE, se espera que en los próximos años la demanda de biomasa vaya aumentando y, dado que los recursos forestales o de agro-residuos habituales (hueso de aceituna, la granilla de uva o la cáscara de almendra) son limitados, habrá que apostar por otras fuentes de biomasa como los residuos agrícolas actualmente sin uso.

Los casos del Ayuntamiento de Serra, la cooperativa del Tejar o Pélet de la Mancha son buenos ejemplos de que en España ya hay iniciativas que funcionan con recursos agrícolas. El proyecto SUCELLOG ha puesto la semilla para demostrar que dentro de las agroindustrias esto también esto es viable técnica y económicamente. Más aún, el proyecto ha trabajado en un cambio de mentalidad del sector agrícola para que lo que actualmente se llama residuo, acabe siendo en un futuro muy próximo considerado como un subproducto.

 

 

Eva López/Fundación CIRCE

www.fcirce.es 

Publicado en BIE35-marzo 2017

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