Como todos los países europeos, Francia debe cumplir sus objetivos en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Uno de los medios es reducir el consumo de combustibles fósiles. Esto se consigue con medidas de eficiencia energética, pero también desmotivando su utilización en los distintos mercados, y la tasa al CO2 es un medio para hacerlo.

Detalle del consumo de energía primaria en Francia, 2015

Reparto energias primarias en Francia 2015

Los combustibles fósiles constituyen prácticamente la mitad (47,4%) de la energía primaria que consume Francia: petróleo, 30,1%; gas, 14%; y carbón, 3,4%. El 44,7% restante proviene de la electricidad (95% de origen nuclear) y de fuentes renovables entre las que la biomasa forestal representa el 3,8%.

Varios intentos para introducir la tasa CO2

Aunque el primer intento de implantación en Francia no tuvo una motivación ecológica… Tuvo lugar en el año 2000, cuando el primer ministro de la época, el socialista Lionel Jospin, buscaba cómo financiar la reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales.

La tentativa fracasó porque el consejo constitucional francés lo rechazó, argumentando que las exenciones incluidas en la ley se consideraban competencia desleal. Nueve años más tarde, otro primer ministro, François Fillon, de la derecha francesa, lo volvió a intentar y volvió a fallar por el mismo motivo.

Es en 2014 cuando el primer ministro, ahora socialista, Jean-Marc Ayrault consigue por fin introducir el impuesto sobre el carbono en Francia cambiando ligeramente la semántica y denominándolo “Contribución de la Energía al Clima” (Contribution Climat-Énergie -CCE, en francés).

De esta manera lograba herir menos susceptibilidades que otros impuestos. Y así fue implementado. Bajo el principio de «el que contamina, paga». Otro de sus objetivos, sin duda, es ir cambiando mentalidades y prepararlas para la disminución de los recursos fósiles. Un asunto que nadie está teniendo en cuenta ahora que el petróleo está a un precio bajo.

Nuestra tasa CEE se basa en el coste material y se suma al resto de los impuestos ya aplicados a los combustibles fósiles. Y sobre todos ellos, se añade finalmente el IVA.

El valor de la tasa CCE está previsto que aumente relativamente rápido hasta 2020 y de forma más progresiva entre 2020 y 2030 hasta alcanzar los 100 €/tonelada de CO2.

Para el consumidor final de gasóleo de calefacción, por ejemplo, esto significa un coste adicional de 4,14 céntimos de euro por litro en 2014. En 2030 habrá ascendido a 0,2 € por litro, lo que equivale a un 30% del coste actual del precio de este combustible.

Algunos se libran

Pero no todos los combustibles fósiles o usuarios se han visto afectados. Hay algunas excepciones:

  • GLP: no sabemos por qué se ha librado, pero esperamos que nuestros esfuerzos de lobby den resultado y acabe entrando, sobre todo porque es un fuerte competidor para el pellet en instalaciones de media escala donde la red de gas no llega.
  • Las industrias bajo regulación ETS (mercado europeo de derechos de emission): esto se puede convertir pronto en un problema al igualarse el precio del carbono
  • El transporte (por carretera, marítimo, agrícola…)
  • Combustibles fósiles empleados para generación eléctrica.

Un daño colateral de esta tasa sobre el carbono es que el biogás y los biocombustibles perdieron en 2016 la reducción de impuestos de la que gozaban hasta entonces como productos energéticos.

¿A qué destina el gobierno francés los ingresos extra de la tasa CO2?

La recaudación debida a este impuesto supone algunos cientos de millones de euros que se emplean así:

El 75% se utiliza para aplicar reducciones fiscales a los empleadores y la competitividad

El 25% se destina a reducir los impuestos a los hogares con bajos ingresos

En 2017, el impuesto sobre el carbono se utilizará parcial o totalmente para reducir los costes del servicio público de electricidad y especialmente para compensar los costes de la obligación que tienen los proveedores de electricidad de garantizar un servicio público uniforme en todo el territorio francés.

Futuro de la tasa

El impuesto sobre el carbono es una medida en la dirección correcta, ya que pronto tendrá un efecto económico real sobre el precio de los combustibles fósiles. Hoy en día el efecto es apenas apreciable y la mayoría de las personas no lo está precibiendo, pero esta situación cambiará en los próximos años con el aumento de su valor.

Es una lástima que, a pesar de nuestras presiones del año pasado, el impuesto sea aún tan bajo; ahora que los combustibles fósiles se sitúan en precios bajos, tenemos una gran oportunidad de elevar su valor puesto que tendría un efecto insignificante en el presupuesto de los hogares.

Si, como todos esperamos, el precio del petróleo sube de nuevo, el efecto combinado con el impuesto al carbono puede causar un aumento importante del precio de los combustibles fósiles. Algo que todos los interesados de la industria de la biomasa están pidiendo en su carta a los Reyes Magos.

 

Eric Vial/Presidente de la Asociación Francesa del Pellet y del Consejo Europeo del Pellet

www.propellet.fr

@PropelletFrance

 

 

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